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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El vecino de arriba

Durante once años me dormí con los pasos del hombre de arriba. La noche que pararon, no supe dormir.

Nunca supe su nombre. Sabía otras cosas: que se levantaba dos veces, que arrastraba una silla hasta la ventana sobre las tres, que en invierno tosía como si pidiera perdón. Su techo era mi cielo raso y en él se movía toda una vida que yo escuchaba de espaldas, boca arriba, siguiendo el mapa de sus rutinas como se sigue una respiración ajena en la oscuridad.

La ambulancia no hizo ruido. Eso fue lo raro, que se lo llevaran en silencio a él, que había sonado tanto. Ahora el techo está quieto. Compré una planta para el rincón que quedaba debajo de su silla, no sé bien por qué. A veces, al apagar la luz, espero el crujido. Y en ese hueco donde antes estaban sus pasos entiendo, tarde, que aquello también era compañía.