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Curiosidad · Del catálogo de Margen

La torre Eiffel es más alta en verano

La torre Eiffel no mide siempre lo mismo. Sus 7.300 toneladas de hierro se dilatan con el calor: en un día de pleno verano, la punta puede subir unos quince centímetros respecto a una mañana helada de enero. Nada se rompe ni se afloja; es la física más sencilla, la misma que hace que la tapa de mermelada ceda bajo el grifo de agua caliente.

Hay un detalle aún mejor. El sol no calienta la torre entera a la vez: la cara que mira al sol se dilata más que la cara en sombra, y esa diferencia empuja la cumbre hacia el lado frío. A lo largo del día, la punta dibuja una pequeña curva siguiendo el cielo, apartándose siempre del sol como un girasol al revés. El desplazamiento puede alcanzar varios centímetros.

Gustave Eiffel lo sabía y lo calculó todo antes de construirla: su torre fue diseñada para moverse. Quizá por eso sigue en pie desde 1889, mientras medio mundo cree que las cosas de hierro son rígidas. La más famosa de todas pasa el verano estirándose y esquivando el sol.