
Suecia conducía por la izquierda, como Reino Unido, pero con una rareza añadida: casi todos sus coches tenían el volante a la izquierda, y sus vecinos —Noruega, Finlandia, Dinamarca— circulaban por la derecha. Cada frontera y cada adelantamiento eran una trampa.
La solución se votó en referéndum en 1955 y el 83 % dijo que no. El Parlamento decidió hacerlo igualmente, y fijó la fecha: el 3 de septiembre de 1967, bautizado Dagen H.
La preparación duró años: se cambiaron unas 360.000 señales, se rediseñaron cruces y autobuses, y la campaña llegó a todo el mundo — hasta hubo un concurso de canciones para grabarlo en la memoria («Mantente a la derecha, Svensson» sonaba en las radios).
La madrugada del día H se prohibió el tráfico no esencial. A las 4:50, todos los vehículos del país se detuvieron donde estaban, cruzaron con cuidado al lado derecho de la calzada y esperaron. A las 5:00, reanudaron la marcha.
¿El caos anunciado? Al contrario: aquel lunes hubo menos accidentes que un lunes normal, y las aseguradoras registraron semanas de mínimos. Conducir se había vuelto de pronto tan extraño que todo el país lo hacía como en el examen: despacio y con las dos manos.