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Curiosidad · Del catálogo de Margen

El hormigón romano se repara solo

La cúpula del Panteón de Roma se terminó hace casi diecinueve siglos y sigue siendo la mayor cúpula de hormigón sin armar del mundo. Nuestro hormigón moderno, con todo su acero dentro, suele empezar a agrietarse a las pocas décadas. El de ellos, expuesto a terremotos, lluvia y turistas, sigue en pie.

Durante mucho tiempo el mérito se atribuyó a la ceniza volcánica que los romanos mezclaban en su fórmula. Pero en 2023, un equipo del MIT encontró otra pieza del truco: unos grumos blancos de cal, presentes en todo el hormigón romano, que los expertos habían despachado como defecto de mezcla. Son justo lo contrario: un botiquín incorporado.

Los romanos mezclaban con cal viva, en caliente, y eso dejaba esos gránulos repartidos por el material. Cuando se abre una grieta y se cuela el agua de lluvia, los gránulos reaccionan, se disuelven y recristalizan en carbonato cálcico: la grieta se sella sola en cuestión de semanas.

En los espigones marinos el mar remataba la faena: el agua salada hacía crecer dentro del muro minerales nuevos que lo iban soldando. Cada tormenta los dejaba un poco más fuertes.

Diecinueve siglos después, los laboratorios intentan copiar el defecto.