
En el calendario de Samoa hay dos lunes 4 de julio de 1892, uno detrás del otro, y los dos se celebraron. Los puso ahí una proclama del rey Malietoa Laupepa, y con ella el archipiélago cruzó por primera vez la línea internacional de cambio de fecha. Lo haría otra vez ciento diecinueve años después, en dirección contraria y con el método contrario.
Hasta ese año Samoa llevaba el calendario del lado asiático de la línea, el de Sídney, pero los comerciantes que le compraban copra —la pulpa seca del coco, de la que se saca aceite— y le vendían de todo eran norteamericanos. Alinearse con San Francisco significaba retrasar el calendario un día, y un día de retraso solo se consigue viviendo la misma fecha dos veces. La proclama apareció en el Samoan Times del 16 de junio de 1892 y escogió para el experimento, con una ironía que nadie ha sabido si era intencionada, el día de la fiesta nacional de los Estados Unidos.
Margaret Isabella Stevenson, madre del escritor Robert Louis Stevenson, vivía entonces en la isla con su hijo y lo anotó con la perplejidad justa: les habían ordenado «guardar dos lunes esta semana».
Esa manera de contar los días duró hasta 2011. La segunda travesía no repitió ningún día: se saltó uno.
La International Date Line Act 2011, sancionada el 28 de junio de aquel año, entraba en vigor «a las doce en punto de la medianoche del jueves 29 de diciembre de 2011». A partir de ese segundo la hora oficial pasaba de once horas por detrás del tiempo universal a trece por delante: un salto de veinticuatro horas exactas, que es un día entero de calendario. Los relojes de Apia marcaron las 23.59.59 del jueves 29 y el segundo siguiente marcaron las 00.00.00 del sábado 31. El viernes 30 de diciembre de 2011 no existió en Samoa. Tokelau, un archipiélago de tres atolones al norte, hizo el mismo movimiento la misma noche.
El motivo esta vez no eran comerciantes de coco, sino Australia y Nueva Zelanda. Con veintiuna horas de diferencia con Sídney y veintitrés con Auckland, la semana laboral de la isla coincidía con la de sus clientes tres días de cada cinco: cuando en Apia era viernes, en Auckland ya era sábado y las oficinas estaban cerradas; cuando en Auckland era lunes, en Apia seguía siendo domingo. Un país que vive de exportar y de recibir turistas perdía dos días de oficina por semana contra los vecinos con los que de verdad negocia. En 1892 el dinero estaba al este y Samoa se fue al este; en 2011 estaba al oeste y Samoa se fue al oeste.
De las dos travesías no queda monumento ninguno. Quedan dos renglones en la base de datos de husos horarios que llevan dentro los teléfonos y los servidores de medio mundo: en uno, con fecha del 5 de julio de 1892, la hora de Apia pasa de doce horas y treinta y tres minutos por delante de Greenwich a once y veintisiete por detrás; en el otro, con fecha del 29 de diciembre de 2011, salta a trece por delante. Un lunes de más y un viernes de menos, escritos en texto plano.