Curiosidad · Del catálogo de Margen
Cortaron los palos del barco de las bombas de 1944

Durante ochenta y dos años, lo único que asomaba del SS Richard Montgomery eran tres palos de acero clavados en el agua del estuario del Támesis, a 2,4 kilómetros de Sheerness, en la costa de Kent. En septiembre de 2026 los cortaron. Dentro del casco siguen unas 1.400 toneladas de explosivo que no ha sacado nadie.
El barco era un carguero estadounidense de la clase Liberty, botado en 1943 en Jacksonville (Florida). Llegó al estuario el 20 de agosto de 1944 con las bodegas llenas de munición para el frente francés y le ordenaron fondear frente al Great Nore, un paraje con poco fondo para un barco tan cargado. Al bajar la marea arrastró el ancla y quedó varado sobre Sheerness Middle Sand, un banco de arena que sale hacia el este de la isla de Grain.
Esa misma tarde el casco empezó a combarse: levantado en el centro y vencido por los extremos. Se oyó un estallido que no era una explosión, sino las planchas de acero partiéndose por delante del puente. El 23 contrataron estibadores de Gravesend para vaciar las bodegas; al día siguiente la grieta llegó al fondo y las bodegas de proa se inundaron, y el 8 de septiembre el barco se rompió del todo por la mitad. La Marina británica siguió sacando cajas hasta que el mal tiempo y el riesgo lo hicieron inviable. Cuando se abandonó el rescate quedaban dentro, en las bodegas 1, 2 y 3, unas 1.400 toneladas de explosivo neto.
Desde 1973 figura como pecio peligroso en el artículo 2 de la Protection of Wrecks Act británica: entrar en su perímetro sin permiso escrito del ministro de Transporte es delito. Está pegado al canal de acceso al río Medway, por donde entran los mercantes, y a cinco millas de Southend. La zona prohibida se marca con dieciséis boyas y el servicio de tráfico marítimo del Medway la vigila las veinticuatro horas.
Nadie bajaba a mirarlo de cerca: la última inmersión databa de 2013 y desde 2002 el pecio se mide con sonar multihaz, que en ese estuario turbio y de marea enorme funciona mejor que un buzo. Cada campaña compara 96 puntos de referencia marcados en el casco. La de octubre de 2023 encontró dos cosas: toda la sección de proa se había inclinado entre 10 y 15 centímetros más hacia el este, probablemente porque la corriente le come el sedimento de ese lado, y la cubierta junto a la bodega 3 había empezado a hundirse por babor.
Los palos pesaban, y tiraban hacia abajo de unas cubiertas que ya cedían; si uno se desplomaba sobre la bodega equivocada, el golpe caía justo encima de la carga. El Gobierno británico encargó cortarlos por hasta 9,5 millones de libras y la empresa de salvamento Resolve Marine empezó a trabajar sobre el pecio a principios de septiembre, esta vez con buzos. El ministro británico de Transporte Marítimo, Keir Mather, comunicó a la Cámara de los Comunes que los tres estaban fuera, antes de plazo y por debajo del presupuesto. Los palos no se han fundido: van al astillero histórico de Chatham, donde los van a conservar a la vista del público.
La carga no se ha tocado. Mover 1.400 toneladas de munición de hace ocho décadas se sigue considerando más peligroso que dejarla quieta, y el informe oficial repite cada año la misma fórmula: el pecio se cree estable si no se lo toca. El pecio se sigue midiendo una vez al año con sonar multihaz: la próxima campaña será la primera sobre un barco sin palos.