
En el desierto de Namib, uno de los sitios más secos del mundo, crece la welwitschia, una de las plantas más extrañas que existen. Nada más germinar echa dos hojas. Y esas dos hojas son las únicas que tendrá en toda su vida.
No las cambia nunca. Van creciendo sin parar durante siglos, y el viento y el sol las rompen y las deshilachan, así que parece una maraña de tiras retorcidas por el suelo. Pero, en realidad, siguen siendo solo dos.
Lo mejor es cuánto aguanta: muchos ejemplares superan los mil años, y se cree que algunos rondan los dos mil. Sobrevive casi sin lluvia, bebiendo la niebla que llega del mar.
Un ser vivo que, con apenas dos hojas viejísimas, lleva ahí desde antes de que existieran casi todos los países del mapa.