
En 1997, dos investigadores australianos, Drew Dawson y Kathryn Reid, midieron algo inquietante: cómo se deteriora el rendimiento a medida que pasan las horas sin dormir. Luego lo compararon con el efecto del alcohol en las mismas personas.
El resultado es para tenerlo en cuenta. Tras unas 17 horas despierto —lo que va de levantarte a medianoche— la coordinación y los reflejos caen a un nivel parecido al de tener 0,05 de alcohol en sangre, justo el límite legal para conducir en España. Y a las 24 horas sin dormir, el deterioro equivale a rozar el 0,10: claramente borracho.
Lo peligroso es que el cansancio no se nota como una copa. Nadie te quita las llaves por llevar mucho tiempo despierto.
Así que conducir de madrugada tras un día entero en pie no es 'ir cansado': es ponerse al volante con reflejos de alguien que ha bebido.