
'Consúltalo con la almohada' resultó ser un consejo con base científica. En 2004, un equipo alemán liderado por Jan Born lo puso a prueba. Enseñó a los voluntarios a resolver una tarea de números que tenía un atajo oculto, una regla secreta que hacía el problema trivial… si la descubrías.
Dividieron a la gente en grupos: unos dormían ocho horas entre el entrenamiento y la prueba, otros permanecían despiertos. Los que habían dormido descubrieron el truco oculto más del doble de veces que los demás.
Durante el sueño, el cerebro no se apaga: reorganiza lo aprendido, conecta piezas sueltas y a veces coloca la respuesta lista para cuando abres los ojos.
Por eso, ante una decisión difícil o un problema atascado, muchas veces la jugada más lista no es forzar la máquina de noche, sino dormir y dejar que el cerebro trabaje sin ti.