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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Inventario de una casa vacía

Al vaciar la casa de mi madre encontré que había guardado, en una caja de galletas oxidada, todos los botones que sobraron de camisas que ya no existían.

Eran decenas. Nácar, hueso, plástico turbio. Cada uno había pertenecido a una prenda, y cada prenda a un día, y cada día a alguien que se lo puso sin pensar que aquello merecía guardarse.

Mi madre pensaba que merecía guardarse.

Me senté en el suelo con la caja en el regazo mientras afuera anochecía sin permiso. No lloré. Solo fui pasando los botones entre los dedos, uno por uno, como quien reza sin acordarse de las palabras.

Al final me quedé con tres. No los mejores. Los que cabían en el puño cerrado, para poder salir de la casa sin soltarla del todo.