
La Mona Lisa no siempre fue el cuadro más famoso del mundo. Lo que disparó su fama fue, en parte, un robo.
En 1911 un empleado del Louvre, Vincenzo Peruggia, la descolgó y salió con ella escondida bajo el abrigo. Durante dos años, la gente hacía cola para ver el hueco vacío en la pared donde había estado.
Apareció en 1913, cuando Peruggia intentó venderla en Florencia. Para entonces, su cara ya estaba en todos los periódicos del planeta.