
Harry Markowitz ganó el Nobel de Economía en 1990 por demostrar con matemáticas algo que suena a refrán: combinar inversiones que no se mueven a la vez reduce el riesgo sin renunciar a la misma rentabilidad esperada. Por eso se dice que la diversificación es «el único almuerzo gratis» de la inversión: es de las pocas mejoras que no hay que pagar con nada a cambio.
La lógica es simple: si todo tu dinero depende de una sola cosa, tu futuro también. Ocho cestas con un huevo sobreviven a tropiezos que una cesta con ocho huevos no supera.
Y el detalle humano: cuando le preguntaron a Markowitz cómo invertía su propia jubilación, confesó que repartía a medias entre bolsa y renta fija, simplemente para minimizar su arrepentimiento futuro.
Hasta el padre de la teoría de carteras invierte para poder dormir. Esa también es una rentabilidad.