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Curiosidad · Del catálogo de Margen

En 1830 un diputado subió al primer tren y no bajó

El 15 de septiembre de 1830, William Huskisson, diputado por Liverpool, subió al viaje inaugural del Liverpool & Manchester Railway, la línea ferroviaria entre ambas ciudades, y no regresó vivo. La locomotora Rocket lo arrolló en Parkside, la parada técnica de mitad de trayecto. Se le cita desde entonces como el primer pasajero muerto en un accidente de tren.

La línea se estrenaba ante ministros y diplomáticos, con gente agolpada a los lados de la vía. Era el primer ferrocarril interurbano que transportaba viajeros y mercancías con locomotoras de vapor durante todo el recorrido. Huskisson, de sesenta años, viajaba en el convoy reservado a las personalidades, junto al duque de Wellington, primer ministro británico y antiguo rival político suyo.

A mitad del trayecto, los trenes pararon en Parkside para cargar agua. La compañía había pedido a los pasajeros que permanecieran dentro, pero varios hombres bajaron a estirar las piernas y a conversar sobre la vía. Huskisson aprovechó para acercarse al vagón del duque: los dos llevaban años distanciados. Wellington le tendió la mano y el gesto pareció sellar una reconciliación.

Entonces alguien avisó de que se acercaba la Rocket por la vía contigua. Había sitio para apartarse, pero Huskisson se quedó junto a la puerta abierta del vagón. Intentó subir. La puerta giraba hacia fuera, lo desestabilizó y lo dejó en la trayectoria de la locomotora. Una rueda le destrozó la pierna.

Nadie había previsto una ambulancia para una inauguración. Los presentes arrancaron de sus goznes la puerta de una caseta y la usaron de camilla. George Stephenson, ingeniero de la línea, enganchó un solo vagón a una locomotora y llevó al herido hasta Eccles, la primera localidad del trayecto con asistencia médica. Hizo quince millas en veinticinco minutos, unos 58 kilómetros por hora, y se contó como un récord de velocidad.

Huskisson estuvo consciente durante parte del traslado. Los médicos no pudieron salvarlo y murió esa misma noche en la vicaría de Eccles, la casa del párroco, poco después de las nueve.

Antes que él ya habían muerto obreros y curiosos en obras y maniobras. Por eso llamarlo «el primer muerto del ferrocarril» exige una precisión: fue el primer pasajero cuya muerte en un accidente de tren quedó ampliamente registrada y convertida en noticia pública.

La compañía debatió si suspender la jornada y decidió seguir: los trenes llegaron a Manchester con las banderas ya arriadas. El servicio regular de viajeros arrancó el 17 de septiembre, dos días después del accidente.