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Poema · Del catálogo de Margen

El idioma de la lluvia

La lluvia habla un idioma que todos entendimos de niños y olvidamos al aprender a tener prisa.

Cae sobre los tejados con paciencia de maestra, repite la lección en cada gotera, deletrea contra el cristal una palabra larga que significa quédate.

De pequeño la traducía sin esfuerzo: la lluvia decía charco, decía barco de papel, decía hoy no hay colegio del alma.

Después crecí y la lluvia empezó a decir atasco, a decir se me caló el abrigo, a decir otra tarde perdida contra la ventana de una oficina.

Pero esta noche, por fin, la escucho. Apago la pantalla, la excusa, el ruido, y dejo que caiga sin traducirla, sin exigirle que signifique nada útil.

Y entonces vuelve el idioma antiguo, el que no pide, el que solo insiste, gota a gota, en que estar vivo fue siempre esto: un techo, un rumor, y alguien dentro dispuesto a no salir corriendo.