Curiosidad · Del catálogo de Margen
Compró el puente de Londres y lo montó en Arizona

Dos millones cuatrocientos sesenta mil dólares pagó en 1968 Robert McCulloch, fabricante de motosierras de California, por el puente de Londres: el de granito que John Rennie levantó sobre el Támesis en 1831. Se lo llevó entero al desierto de Arizona.
La City lo vendía porque se hundía: pesaba más de lo que aguantaba su cimiento y bajaba unos dos centímetros y medio cada veinte años. Un concejal, Ivan Luckin, convenció a la corporación de venderlo en vez de demolerlo y se fue a Nueva York a anunciarlo.
El precio no salió de una tasación. Luckin contó la fórmula: el doble de lo que costaba desmontarlo —1,2 millones— más mil dólares por cada año que McCulloch tendría cumplidos el día de la inauguración. Iba a cumplir sesenta. De ahí los 2.460.000 exactos.
Numeraron a mano 10.276 piezas de granito, cruzaron el canal de Panamá hasta Long Beach y subieron el cargamento por carretera hasta Lake Havasu City, un pueblo que McCulloch se había inventado cinco años antes junto al río Colorado. Lo montaron sobre tierra firme, en una península de arena; solo al acabarlo excavaron el canal por debajo y dejaron entrar el agua.
Se inauguró el 10 de octubre de 1971. El montaje costó unos siete millones más, casi el triple que la compra. Y la leyenda —que McCulloch creía comprar el Tower Bridge, el de las dos torres— la desmintieron él y Luckin hasta el final.