Microrrelato · Del catálogo de Margen
Braulio hace con la boca el ruido que Charo necesita

—La furgoneta, Braulio. Hazlo con la furgoneta, no con la boca. —Es que con la furgoneta no suena, Charo. —Rrrrr-tac, me has dicho. —Rrrrr-tac. Pero yendo a Ejea. —¿Y a Tauste? —A Tauste no. A Tauste voy cargado. —Sube al elevador. —A las once tengo el reparto. —Sube al elevador. —Aquí no suena. —Aquí no hay carretera. Yo soy panadero, no médico de furgonetas. —Y yo soy mecánica, no adivina. Coge las llaves, que vamos a Ejea. —Kilómetro cuatro. Ahí. —Rrrrr-tac. —Rrrrr-tac. —Para el motor. —Está parado, Charo, bajamos en punto muerto. —Entonces son las bandejas. —¿Qué bandejas? —Las nueve de atrás. Van vacías y se mueven en las curvas. A Tauste no suena porque a Tauste vas lleno. —Ya. —Ocho euros de topes de goma. El diagnóstico no te lo cobro. —Cóbramelo. —¿Por qué? —Porque prefiero pagar una avería que llevar de vuelta nueve bandejas de pan.