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Por capítulos · La cartógrafa del vacío · Del catálogo de Margen

Capitulo 4: El mapa que respira

Habia una salida que mi madre nunca uso porque requeria confiar en alguien mas joven que uno mismo. Yo estaba a punto de aprender por que.

No me queda memoria para tu casa, le dije a Teo con la niebla en las rodillas. Pero tu si la recuerdas. Es la tuya. Toma la pluma.

El retrocedio. Yo no se dibujar. No hace falta que sepas, le dije. Hace falta que recuerdes tan fuerte que la mano no pueda equivocarse. Yo te sujeto a ti; tu sujetas tu casa. Asi lo hizo siempre la gente antes de que hubiera cartografas: no eramos nosotras las que salvabamos las islas. Solo ensenabamos a la gente a no soltarlas.

Le puse la pluma en la mano. Cerre mis dedos vaciados sobre los suyos. Y Teo dibujo su casa temblando: torcida, con la puerta demasiado grande y una ventana de mas, con su abuela que ya no recordaba pero se negaba a perder. Fue el trazo mas feo y mas verdadero que ha tocado nunca mi papel.

La niebla nos alcanzo el pecho. Y se detuvo.

No retrocedio: el vacio no perdona lo que se llevo. Pero dejo de avanzar, porque toda la isla estaba ya dentro de la linea, sostenida no por una cartografa que se vaciaba sola, sino por cada mano que se habia negado a olvidar la suya. El mapa, en mis manos, respiraba. Latia con doscientas memorias en vez de con la mia sola, y por eso ninguna se agotaba.

Candela ya no esta en ningun mar. Ningun barco la encontrara. Pero existe, entera, en un papel que ahora guarda Teo, porque comprendi que un mapa no debe quedarse con quien lo dibuja, sino con quien no piensa soltarlo.

Recupere el nombre de mi madre en el viaje de vuelta, poco a poco, como quien reaprende a caminar. Mar. Se llamaba Mar. Ahora dibujo distinto. Ya no cartografio piedras. Cartografio a la gente, y les ensenó a sostener su propia tinta, para que el dia que la niebla venga a por ellos, no necesiten esperar a nadie.

El vacio se lleva lo que nadie recuerda. Asi que recordad. Es lo mas parecido a un mapa que os dejo.