Por capítulos · La cartógrafa del vacío · Del catálogo de Margen
Capitulo 3: Lo que cuesta recordar
Dibujar una isla entera antes de que llegue la niebla no es un trabajo de manos. Es un trabajo de memoria, y la memoria, descubri, se paga con la propia.
El segundo dia note el precio. Termine la calle del mercado, cada puesto con su duena y su queja de siempre, y al levantar la vista no recorde el nombre de mi madre. Lo tenia en la punta de la lengua como un diente flojo. Teo me miro asustado. Se llamaba Mar, le dije por fin, tirando del recuerdo con las dos manos. Se llamaba Mar y me ensenó esto. No vuelvas a dejar que lo olvide.
Asi funciona la tinta. Para sujetar el recuerdo de un lugar en el papel, tienes que sacarlo de algun sitio, y ese sitio eres tu. Mi madre nunca me lo advirtio. Ahora entendia por que hacia el final apenas me reconocia: no estaba enferma. Estaba llena de islas que ya no existian para nadie mas que para ella, y cada una habia ocupado el lugar de un recuerdo suyo. Se vacio de si misma para que otros no se perdieran. La palabra para eso no es locura. Es la palabra mas grande que conozco.
La niebla llego al alba del tercer dia. No con furia; con paciencia, que es peor. Los vecinos se reunieron en la plaza sin saber muy bien por que, ya medio descosidos, sonriendo esa sonrisa cortes de quien olvida hasta el miedo. Teo iba de casa en casa recitandome nombres a gritos mientras yo dibujaba con las dos manos, la lengua entre los dientes, notando como se me iban vaciando los cajones de dentro.
Olvide mi primera palabra. Olvide el rostro de un amigo. Olvide, un instante entero, por que estaba dibujando. Teo me sujeto la muneca. Nerea. Te llamas Nerea. Estas salvando Candela. Sigue. Y su voz fue el ancla que me faltaba.
Dibuje la ultima casa cuando la niebla ya me mojaba los tobillos. Levante el papel. La isla entera latia dentro de la linea, cada ventana encendida, cada nombre en su sitio.
Solo faltaba una casa. La de Teo. Y no me quedaba memoria para sujetarla sin soltar otra cosa.