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Poema · Del catálogo de Margen
Los baldeadores de la M-30 llevan chaleco reflectante

A las cuatro y siete los baldeadores de la M-30 llevan chaleco reflectante y hablan bajo aunque no haya a quien despertar.
Un chorro cae sobre el asfalto vacío, el otro sobre la mediana. La ciudad no llega aún.
Cuando salgas mañana con el móvil bajo el brazo y cruces el paso azul recién baldeado, alguien se levantó a las tres para dejártelo así.
No sabes su nombre. Él tampoco el tuyo. Los dos cobrábamos por lo mismo: estar despiertos.