Microrrelato · Del catálogo de Margen
Le pide el préstamo al chaval que suspendió en su clase

—Buenos días, Iker. —Ana Ruiz dobló el paraguas y lo dejó a un lado del mostrador—. Vengo por lo del tejado. Sabía que era usted el nuevo director.
Iker Berastegi había suspendido Lengua de 4º de la ESO dos veces con Ana Ruiz. En junio, en septiembre y en la extraordinaria de octubre. Ahora tenía cuarenta años y llevaba la oficina.
—Siéntese, doña Ana. Ocho mil, ¿verdad?
—Es lo que pide el presupuesto. La pensión son mil trescientos veinte.
Iker miró la pantalla y salió el mismo papel que a todo el mundo. Ella tenía sesenta y siete años, la casa a su nombre y ninguna otra deuda. El sistema la rechazaba por edad y por ratio.
—Puedo ofrecerle cinco a ocho años. Con aval de su hija, siete. Ocho no.
—Iker.
—Dígame.
—Fue usted el único alumno que me llamó a casa el día que me jubilé.
Iker levantó la vista del teclado.
—Firme por siete y ponga la firma de siempre. Del aval me encargo yo.