
El pintor pregunta si lija también el marco de la puerta de la cocina. Le digo que ese no. Que pinte alrededor.
En el canto hay una escalera de rayas a lápiz: Marta, dos mil nueve. Marta, dos mil once. Pablo, con la fecha medio borrada y una flecha apuntando hacia arriba.
Crecieron como crecen todos: lejos de la pared, sin avisar a nadie.
Ahora entran, dejan las llaves, preguntan qué hay de cena, y ninguno mira el marco.
Yo lo miro cada día. Es el último sitio de esta casa donde todavía les queda algo por crecer.