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Poema · Del catálogo de Margen

El último café de la cafetera

Toda cafetera guarda un último café que nadie se sirve: dos dedos fríos, espesos, de más.

Se queda ahí toda la tarde, como el final de una conversación que ninguno quiso rematar, como el pan del cesto, como el minuto de cortesía antes de colgar.

Mi abuela decía que tirarlo traía mala suerte, pero ella lo decía de todo: era su manera de pedir que no tirásemos nada, que no nos tirásemos los unos a los otros.

Ahora que no está, algunos días dejo su poco de café en la cafetera hasta la noche, por superstición o por memoria, que vienen a ser la misma cosa calentada dos veces.