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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Un camión se llevó el único árbol en 400 kilómetros

Cuatrocientos kilómetros en cualquier dirección: esa era la distancia hasta el árbol más cercano si estabas junto a la acacia del Ténéré, en el desierto de Níger. Era la única cosa vertical de un horizonte de arena, y por eso llegó a dibujarse en mapas a escala 1:4.000.000, donde no cabe ni un pueblo. En 1973 un camión la derribó.

En 1938 unos militares franceses cavaron un pozo a su lado y encontraron el truco: las raíces bajaban treinta y tres metros, hasta la capa de agua. El árbol no vivía de milagro; tenía una tubería propia de treinta y tres metros. Era el último superviviente de un grupo de acacias que crecieron cuando aquel desierto todavía tenía agua cerca de la superficie: las demás se secaron y ella aguantó con su pozo particular.

Para las caravanas de sal que cruzaban de Agadez a Bilma —el azalai, semanas de camellos entre dos oasis— la acacia era el punto de control: si la veías, ibas bien. Ya en 1959 un camión le había arrancado una rama. El golpe definitivo llegó catorce años después y lo dio, según la versión que se repite desde entonces, un conductor borracho: en el lugar con menos obstáculos del planeta, encontró el único.

El tronco no se quedó en la arena. Lo trasladaron más de mil kilómetros hasta Niamey y hoy se conserva en el Museo Nacional Boubou Hama. En el punto exacto donde estuvo, en mitad del Ténéré, hay una escultura de metal con forma de árbol que vuelve a verse desde muy lejos.