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Poema · Del catálogo de Margen

El vaso de la mesilla

Lo lleno cada noche por si acaso, y casi nunca bebo.

Amanece intacto, con burbujas diminutas agarradas al cristal, como si el agua también hubiera pasado la noche en vela.

Nadie firmó nada, pero es un contrato: él vigila mi sed, yo vigilo su calma.

Por la mañana lo vacío en la maceta. La sed y el miedo, bien mirados, se riegan igual.