Por capítulos · El ejemplar 215 · Del catálogo de Margen
Herminia Sasal escribió el capítulo cuatro sin cobrar

Antes: en los originales de 1974, el capítulo cuatro venía escrito en otra máquina. Ainhoa Cortabarria tiene ocho días y ningún nombre.
Quedaban 142 títulos por verificar cuando Otilia Bergua, catalogadora del fondo antiguo, subió del sótano una caja de cartón atada con cuerda y la dejó en la mesa nueve.
—Escuela de Ayerbe —dijo—. Libros de matrícula, actas y partes mensuales, del 68 al 79. Lo trajo el ayuntamiento cuando cerraron el edificio y lleva aquí treinta años sin catalogar.
Ainhoa Cortabarria, restauradora de la Biblioteca Provincial de Huesca, tenía delante las veintidós cuartillas del capítulo cuatro: las que entraron en la imprenta Tramullas el 14 de enero de 1974, escritas en una máquina que no era la del autor. Caracteres redondos, el margen izquierdo dos centímetros más ancho y la ce con una muesca en el arco, siempre en el mismo sitio.
Otilia deshizo el nudo, sacó un parte mensual de asistencia y lo puso al lado sin soltarlo.
—Mira la ce.
Estaba mellada. La misma muesca, el mismo arco.
—¿Cuántos partes hay ahí?
—Ciento y pico. Todos los meses de curso desde el 68.
Los pasaron de dos en dos, sin sacarlos de las carpetas. Los cuatro primeros cursos iban firmados «El maestro, S. Anzano». Desde octubre de 1972 la firma cambiaba a una letra pequeña y muy derecha, y debajo, a máquina: «Herminia Sasal Nogueras, maestra».
—Doce años en esa escuela —dijo Otilia—. Hasta que cerró, en el 79.
Fabián Oyarzun, jefe de sala y responsable del expurgo, se paró junto a la mesa con el carro a medio empujar.
—Ainhoa. Ciento cuarenta y dos títulos, ocho días. Esto no es un título.
—Esto es el título 215.
—El 215 lo tienes verificado desde el jueves.
—Lo tengo abierto. No es lo mismo.
En el parte de enero de 1974, el mes en que las cuartillas llegaron a la imprenta, la maestra había escrito a mano dos líneas en el recuadro de observaciones. Ainhoa las leyó dos veces: «Los mayores han recogido los oficios de invierno de sus casas. Veintidós cuartillas. Entregadas al vecino C. Lete el día 12».
Doce de enero. Las cuartillas entraron en Tramullas el catorce.
—El capítulo cuatro lo escribió ella —dijo Ainhoa—. Con los críos, en horario de clase, en la máquina de la escuela.
—Lo escribió y no lo firmó —dijo Otilia.
—No lo firmó nadie.
La caja de la imprenta tenía la otra mitad. En la carpeta de liquidación estaba la hoja de cuentas de la edición: quinientos ejemplares, papel, encuadernación, dos correcciones y una sola línea de autor, con importe y firma de recibí. El nombre de esa línea era Casimiro Lete Arbués. No había ninguna otra línea con nombre de persona.
—Ni una peseta —dijo Otilia—. Ni la mención.
Ainhoa llamó a las doce y diez al colegio comarcal que heredó a los alumnos de Ayerbe. Le respondió Mabel Cortés, secretaria del centro, que tardó cuatro minutos en volver al teléfono con el expediente en la mano.
—Herminia Sasal Nogueras. Maestra, plaza definitiva en Ayerbe desde octubre del 72. La escuela cerró en junio del 79; la trasladaron a Huesca capital y se jubiló en el 91.
—¿Sigue viva?
Dos segundos de papel moviéndose.
—Murió. Aquí tengo la baja del expediente: 4 de marzo de 2011, en Ayerbe. Ochenta y cuatro años. ¿Es usted familia?
—Soy la que verifica sus libros.
Ainhoa colgó con las veintidós cuartillas en la mano y la edición de 1974 abierta por la página once, donde el autor había escrito a lápiz «esto no lo escribí yo». En la ciento nueve, con el mismo lápiz, ponía «poner nombre».
Fabián volvió con el carro vacío y se quedó de pie al otro lado de la mesa.
—Vale. Es verdad y es tarde. ¿Y ahora qué?
—Ahora se pone el nombre.
—El nombre no se pone en un libro. Se pone en una ficha, y las fichas no las llevamos nosotros: las lleva el Registro Nacional. —Dio dos golpes con el nudillo en el canto de la mesa—. Y a una ficha de 1974 hay que pedirle una modificación de autoría con la firma del autor.
—Casimiro Lete está vivo.
—Casimiro Lete tiene ochenta y siete años y firmó él solo la portada. Y ese registro no ha cambiado nunca la autoría de un libro por una persona muerta. Pregúntalo si quieres, pero pregúntalo hoy: el diecinueve, a las seis de la mañana, entran dos camiones por el muelle trasero.
Otilia empezó a atar otra vez la caja de la escuela, despacio, dejando la cuerda floja para poder abrirla de nuevo.
—Doce años dando clase, veintidós cuartillas y un recibí a nombre de otro —dijo—. Yo tengo cuatro mil doscientos títulos ahí abajo y me dejan elegir cuatrocientos. Elige tú también.
Ainhoa apuntó en la hoja de ruta, debajo de los 142 títulos y los ocho días, una línea con dos datos y ninguna pregunta: Herminia Sasal Nogueras, maestra, murió el 4 de marzo de 2011 en Ayerbe, y su nombre no está impreso en ninguno de los quinientos ejemplares.