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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Nadie ha demostrado que un cañón pare el granizo

Suena cada 7 segundos y nadie ha demostrado nunca que sirva para nada. Es un cañón sónico, un tubo que dispara una onda de aire hacia arriba para deshacer la nube antes de que caiga el pedrisco. En el pla de Lleida hay al menos 10.

El alcalde de Torrebesses lo contó en la televisión en julio de 2023, y lo dijo en catalán, «cada set segons espetega», y la gente ya no puede más. A mí ese ruido me pone de los nervios, xic. Y aun así, el ruido es lo de menos.

No hay ni una prueba de que sirvan, y no lo digo yo. Lo dice la Agencia Estatal de Meteorología en su propio blog, en abril de 2023, en un artículo que firman 7 personas de la casa. Escribieron que los cañones antigranizo son «una técnica muy antigua pero carente de fundamentos plausibles que justifiquen su utilidad». O sea: que llevan ahí un siglo y que nadie ha encontrado una razón para que sirvan. Lo dicen después de repasar los estudios que hay, uno por uno, sin dar con ninguno que lo sostenga.

Muy antigua de verdad. La AEMET ilustra ese artículo con un grabado del congreso de Lyon de 1901, donde ya se discutía cómo disparar contra el granizo. Han pasado 125 años y en la AEMET lo siguen escribiendo igual.

Aquí los cañones llegaron como alternativa a sembrar las nubes con yoduro de plata, que es una sal que se lanza al núcleo de la tormenta para que el hielo se reparta en muchas piedras pequeñas en vez de pocas gordas. A los cañones nadie los ha medido nunca. Por eso varios ayuntamientos y Unió de Pagesos le pidieron a la Generalitat que los mida el IRTA, que es el instituto público de investigación agraria. Néstor Serra, del sindicato, lo resumió en una frase: en tierra de secano, donde el campo solo bebe lo que llueve, y con el cambio climático encima, un cañón que se dedica a deshacer nubes no tiene ningún sentido.

Lo que sí para el pedrisco es una red tendida encima del árbol. No tiene misterio. La piedra pica la malla y no pica la pera. Y es justo lo que casi nadie tiene. Según datos del Departament d'Agricultura, solo el 6 % de los frutales de Lleida llevan red antigranizo, y ponerla cuesta unos 30.000 euros la hectárea.