Curiosidad · Del catálogo de Margen
Ese café de las 17:00 te cuesta una hora de sueño

400 miligramos de cafeína, unos cuatro cafés, fue la dosis que Christopher Drake y su equipo del hospital Henry Ford de Detroit dieron a doce voluntarios sanos en un ensayo publicado en 2013. Se la daban en tres momentos distintos: al meterse en la cama, tres horas antes de dormir y seis horas antes. Incluso la toma de seis horas antes les recortó más de una hora de sueño, medida con un sensor y no a ojo.
La razón está en la química. La cafeína tarda entre cuatro y seis horas en reducirse a la mitad dentro del cuerpo: un café de 100 miligramos a las cinco de la tarde todavía te circula, a medias, cuando apagas la luz, y a las tres de la madrugada aún llevas dentro la cuarta parte.
Y aquí viene la parte incómoda del experimento: en sus diarios, los voluntarios apuntaban que habían dormido bien. La cafeína estropea el sueño y estropea también el instrumento con el que lo juzgas, que es tu propia sensación de la mañana siguiente. Por eso el café de la tarde parece inofensivo durante años.
Cuenta ocho horas hacia atrás desde la hora a la que te acuestas y pon ahí tu frontera: si te duermes a las doce, el último café del día es a las cuatro.