Curiosidad · Del catálogo de Margen
En 1838 solo un hombre quieto salió en la foto de París

En la primavera de 1838, Louis Daguerre, un pintor de decorados de teatro metido a inventor, colocó su cámara en una ventana alta del Boulevard du Temple, uno de los bulevares más transitados de París. La placa de plata necesitaba unos diez minutos de exposición para grabar algo. Cuando reveló la imagen, la calle aparecía desierta: los carruajes, los caballos y los cientos de personas que pasaban por allí se movían demasiado deprisa para dejar rastro, y la placa los borró a todos menos a uno.
Ese uno está en la esquina inferior izquierda: un hombre parado, con un pie subido sobre un cajón, y agachado delante de él un limpiabotas sacándole brillo a la bota. Lustrar un zapato dura, más o menos, lo que duraba una exposición. Son las primeras personas que aparecen en una fotografía, y ninguna de las dos se enteró: nadie posó, nadie firmó nada, nadie cobró por ello.
Esa es la razón de que las primeras fotos de ciudades parezcan desiertas: durante años la fotografía solo registró lo que no se movía. Para los retratos hubo que inventar un hierro que sujetaba la nuca del cliente.
Daguerre regaló la placa al rey Luis I de Baviera en 1839 y allí sigue, en el museo municipal de Múnich. En 1974 un intento de limpiarla la estropeó para siempre, así que la imagen más nítida que tenemos de los dos primeros fotografiados es una copia hecha antes de aquel día.