
En 1977, tres psicólogos enseñaron a varias mujeres dos fotos de sí mismas: la normal y la invertida, como en un espejo. La mayoría prefirió la versión especular. Sus amigas y parejas, en cambio, preferían la foto real.
La explicación es el efecto de mera exposición: cuanto más ves algo, más te gusta, sin necesidad de ningún otro motivo. Tú te has visto miles de horas en el espejo; los demás te ven siempre al derecho. Cada uno prefiere la versión que más ha visto.
Robert Zajonc lo demostró en los sesenta con palabras inventadas y caracteres chinos: los que aparecían más veces caían mejor, aunque no significaran nada.
Por eso las fotos te parecen «malas»: no lo son. Simplemente te muestran al desconocido que ven los demás. Y a ellos les gusta más que a ti.