
El ejercicio libera BDNF, una proteína que funciona como abono para tus neuronas: favorece que sobrevivan, que se conecten entre sí y que nazcan otras nuevas, sobre todo en el hipocampo, la región clave de la memoria.
Por eso moverse no solo cambia el cuerpo. En un ensayo con adultos mayores, un año de ejercicio aeróbico moderado (caminar a buen paso tres veces por semana) aumentó el volumen del hipocampo en torno a un 2 %, revirtiendo en la práctica uno o dos años del encogimiento asociado a la edad.
No hace falta correr maratones: el efecto aparece con ejercicio aeróbico constante y alcanzable. Si tienes que estudiar algo difícil o llevas horas atascado en un problema, camina rápido media hora antes. Mover el cuerpo también es una forma de estudiar.
Fuente: Erickson et al., PNAS (2011), Universidad de Pittsburgh