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Idea · Del catálogo de Margen

Aprietas tres veces un botón que no está conectado

Llevas tres pulsaciones y el semáforo sigue en rojo. Aprietas otra vez, más fuerte, con el nudillo, y miras de reojo por si alguien te ha visto. Y lo hace todo el mundo, y en más sitios de los que crees ese botón no está conectado a nada.

El caso mejor documentado es Nueva York. En febrero de 2004, The New York Times publicó las cifras del propio departamento de transporte de la ciudad: de los 3.250 pulsadores de peatones instalados en las calles, unos 2.500 estaban desactivados. Funcionaban unos 750. No era una avería ni un descuido. A partir de los años setenta la ciudad fue pasando los semáforos a control informático central, con ciclos fijos que no admiten interrupciones, y los pulsadores dejaron de pintar nada. Arrancarlos costaba alrededor de un millón de dólares, así que se quedaron donde estaban, con su cartelito incluido.

Lo mismo ocurre dentro del ascensor. En Estados Unidos, la ley de accesibilidad de 1990 obliga a que las puertas se mantengan abiertas un tiempo mínimo para que pueda entrar alguien que se mueva despacio. Resultado: en muchísimos ascensores instalados desde entonces, el botón de cerrar puertas no le hace caso a un pasajero normal. Con la llave de servicio sí funciona. Para los bomberos, también. Para ti, no.

Los ingenieros tienen nombre para esto y no lo disimulan: botón placebo. Y el motivo de dejarlos puestos no es solo el coste de quitarlos. Es que esperar apretando se hace más corto que esperar quieto. El ciclo del semáforo no se entera de tu dedo: dura los mismos segundos que si te quedas quieto.

Antes de que le cojas manía a todos los pulsadores del barrio: en España y en buena parte de Europa muchos mandan de verdad, sobre todo fuera del centro, de noche y en cruces de poco tráfico, donde el semáforo está en verde para los coches hasta que alguien pide paso. Y los que llevan un pequeño altavoz o un relieve debajo casi siempre son de los buenos, porque además de pedir el paso activan la señal sonora para los peatones ciegos. Ese apriétalo aunque tengas prisa, y no por ti.

Hay una forma de salir de dudas en tu propio cruce y cuesta dos días. Mañana cronometra desde que llegas a la acera hasta que se pone verde, sin tocar nada. Pasado mañana, mismo cruce y misma hora, aprieta nada más llegar. Si el número sale igual las dos veces, el tuyo es de adorno. Si se acorta, enhorabuena: el tuyo manda, y los doce vecinos que estaban esperando contigo te lo deben a ti.