Curiosidad · Del catálogo de Margen
A Ann Hodges le cayó un meteorito encima mientras dormía

Ann Elizabeth Hodges dormía en el sofá de su casa alquilada de Sylacauga, en Alabama, el 30 de noviembre de 1954. A la una menos cuarto de la tarde, un condrito de 3,8 kilos —una roca de hierro y silicatos venida del cinturón de asteroides— entró por el tejado, rebotó en el mueble de la radio y le golpeó la cadera. Hodges tenía 34 años y salió andando, con un moratón del tamaño de un plato llano. Sigue siendo el único caso documentado de un ser humano alcanzado por un meteorito, y en los catálogos la roca figura como meteorito Sylacauga, una condrita ordinaria del tipo H4.
El pleito duró más que el susto. La casera, Birdie Guy, reclamó la piedra alegando que había caído en su propiedad; la Fuerza Aérea se la llevó primero para analizarla y los curiosos acamparon en el jardín. El matrimonio Hodges acabó pagando 500 dólares para quedarse con su propio meteorito, y para entonces el mercado se había enfriado: nadie ofrecía ya las cifras que se rumoreaban en diciembre. Ann la donó al Museo de Historia Natural de Alabama, donde puede verse.
A un vecino le fue mucho mejor. Julius McKinney, agricultor, encontró un segundo fragmento de la misma bola de fuego, de 1,7 kilos, en un camino de tierra, no tuvo que disputárselo a nadie y lo vendió sin abogados. Con ese dinero compró una casa y un coche de segunda mano.