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Poema · Del catálogo de Margen

El globo

Una semana después de la fiesta el globo sigue en el salón, a media altura, ni en el techo ni en el suelo, como una lámpara que duda.

Nadie lo ha tocado.

Pierde aire con una lentitud que no le conocíamos: la lentitud de lo que fue urgente.

Ayer rozaba el techo con la cabeza, hoy va a la altura de los cuadros, mañana andará por las rodillas del primero que cruce a oscuras.

Habría que pincharlo, dice alguien. Nadie lo pincha.

En esta casa sabemos dejar que las cosas bajen solas.