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Idea · Del catálogo de Margen

Pregunta «¿y luego qué?»

El Hanói colonial de 1902 sufría una plaga de ratas, y la administración francesa ofreció una recompensa por cada una eliminada: bastaba con entregar la cola. Al principio funcionó. Luego empezaron a verse por la ciudad ratas vivas sin cola —las soltaban para que siguieran criando— y hubo quien montó directamente granjas de ratas. La plaga acabó siendo peor que antes.

El plan no era estúpido: era de primer orden. Resolvía el efecto inmediato («menos ratas») sin preguntarse qué haría la gente en cuanto existiera el incentivo.

La herramienta es incómoda de puro simple: antes de decidir, pregunta «¿y luego qué?» al menos dos veces. Primera respuesta: lo que quieres que pase. Segunda: lo que harán los demás cuando pase. Ahí es donde mueren las dietas relámpago, las ofertas que atraen justo al cliente que no querías y los atajos que te regalan esta semana cobrándose la siguiente.

Pensar a segundo orden no es pesimismo: es jugar la partida entera en la cabeza antes de mover la primera ficha.