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Idea · Del catálogo de Margen

Un email tarde no tiene por qué quedar mal

Cuatro semanas sin abrirlo. Sabes que abrirlo hoy es peor que abrirlo hace dos, y esa aritmética te hunde media semana más. Los cuatro pasos son:

1. Abre el email por la última respuesta, no por la primera. Vas a contestar el hilo, no a leer catorce mensajes seguidos que ya solo sirven para culparte.

2. En el «asunto», sustituye el «Re:» por una palabra concreta: «Cifras acuerdo agosto», «Presupuesto Riera». Da menos cargo de conciencia y más pista al de arriba.

3. El primer párrafo, dos frases: «Aquí lo tienes» y la cosa. Nada de «perdona el retraso» ni «se me pasó por completo»: la disculpa larga cuenta la desidia con lupa y no arregla nada.

4. La disculpa cabe al final, en una sola línea y en pasado: «Sé que llevaba tiempo. Perdón por la espera». No prometas plazos que ya no puedes cumplir.

Truco extra: al enviar, ponte tú en copia. Si el domingo por la noche vuelves a abrir la bandeja y ese hilo ya no está en rojo, sabrás que la deuda que llevaba dos semanas dentro pesaba más que los cuatro minutos que has tardado en contestar. Ese ejercicio, hecho una vez, cambia lo que haces la semana siguiente con los otros catorce correos que llevan abiertos desde antes del verano.