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Idea · Del catálogo de Margen

Tres relojes para cada decisión

La escritora Suzy Welch la llamó la regla 10-10-10, y es de esas herramientas que caben en una servilleta: ante cualquier decisión, imagina sus consecuencias en tres plazos. ¿Cómo me sentiré dentro de 10 minutos? ¿Y dentro de 10 meses? ¿Y dentro de 10 años?

El truco está en que cada reloj ve una cosa distinta. El de los 10 minutos mide el impulso: la rabia de contestar ese mensaje en caliente, el alivio de cancelar el plan, el antojo. El de los 10 meses mide los hábitos y las relaciones: lo que se acumula. El de los 10 años mide la identidad: la persona en la que te convierte repetir eso muchas veces.

La mayoría de nuestras malas decisiones se toman con un solo reloj —el primero— mirando. Y casi todas las conversaciones difíciles que aplazamos parecen enormes a 10 minutos, pequeñas a 10 meses e invisibles a 10 años.

Ojo: la regla no dice que gane siempre el largo plazo. A veces el helado, la siesta o el capricho ganan limpiamente en los tres plazos, y adelante con ellos. Solo pide que, antes de decidir, los tres relojes estén a la vista. Decidir con uno solo no es decidir: es obedecerlo.