Curiosidad · Del catálogo de Margen
El libro de los récords nació para acabar una discusión de bar

Sir Hugh Beaver, director general de Guinness, estaba de cacería en el condado de Wexford, en Irlanda, cuando falló un disparo a un chorlito dorado. Aquello encendió la discusión: ¿era el chorlito el ave de caza más rápida de Europa, o lo era el urogallo? Buscaron la respuesta en las enciclopedias de la casa. No estaba.
A Beaver se le quedó grabada la escena. Pensó que en los pubs de todo el país debía de haber miles de discusiones como aquella cada noche —quién, cuánto, cuál es el más grande, el más rápido, el más lejano— y ningún libro donde zanjarlas. Así que en 1954 encargó a dos periodistas gemelos, Norris y Ross McWhirter, famosos por su memoria para los datos, que lo compilaran.
La primera edición del Libro Guinness de los Récords se publicó en agosto de 1955. Se pensó como material promocional: un tomo para regalar a los bares, con el nombre de la cerveza en la portada, que sirviera de árbitro entre parroquianos. Para Navidad de ese mismo año era el libro más vendido del Reino Unido.
Décadas después, sigue siendo uno de los libros más vendidos de la historia. Todo por un pájaro que voló demasiado rápido.