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Relato · Del catálogo de Margen

Veinticuatro abejas descubren América

—Necesito veinticuatro trajes para el jueves, Nekane. —Veinticuatro tengo. —¿De marineros? —De abeja. —Estoy montando el Descubrimiento de América. —Y yo llevo cuatro veranos con veinticuatro abejas en el almacén. —Necesito dos carabelas, una nao, marineros, una reina y Cristóbal Colón. —Y yo necesito cobrar el pedido que me hiciste hace dos semanas. —Encargué trajes históricos. —Encargaste «algo de época». Lo tengo apuntado. —Mis alumnos no pueden llegar a América zumbando. —Pueden llegar más rápido. Las alas ahorran navegación. —Quiero que aprendan qué ocurrió. —Aprenderán que conviene confirmar el vestuario antes del ensayo general. —Eso lo aprenderé yo. —Entonces la función ya tiene contenido educativo. —Necesito tres barcos. —Tres abejas grandes. —Los barcos no vuelan. —Por eso tardaron tanto en cruzar el Atlántico. —Aristegui, llevo dos semanas sin dormir y mañana es el ensayo. Necesito una tripulación. —Diecinueve abejas pequeñas. —Y a Colón. —Una abeja con sombrero. —Y a la reina Isabel. —Otra abeja con corona. —Todas llevan rayas amarillas. —Uniformidad de la Corona. —Todas llevan antenas. —Instrumentos de navegación. —Nekane, quiero rigor. —Julen, quieres veinticuatro trajes antes del jueves. El rigor cerró el lunes. —Los padres van a preguntar por qué Colón tiene alas. —Diles que es una licencia escénica. —¿Y los alumnos que hacen de barcos? —Se colocan de tres en tres. —Eso da nueve alumnos. —Perfecto: la Niña, la Pinta y la Santa María, tres niños cada una. —La Santa María no era una carabela. —Pues ya tienes un dato que explicar. —¿Y quién hace el océano? —Los que no salgan a escena. —El océano tampoco zumba. —Este jueves sí. —El director quiere una obra seria. —Pon una abeja seria de director. —También quiere que dure veinte minutos. —Con veinticuatro niños vestidos de abeja durará lo que ellos decidan. —No puedo cambiar todo el guion. —Cambia «marinero» por «abeja». —«Abeja, baja las velas». —Funciona. —«Abeja, avisa cuando veas tierra». —Funciona mejor. —«Majestad, las abejas solicitan financiación». —Eso es bastante exacto. —Me preocupa la llegada. —¿Qué decía tu guion? —«Después de semanas de viaje, la tripulación divisa tierra». —Ahora dirá: «Después de semanas de viaje, la colmena localiza flores». —América no puede ser un campo de flores. —Con el presupuesto del colegio tampoco podía ser América. —¿Me mantienes el precio del pedido? —Si te llevas las veinticuatro hoy. —Necesito probar las tallas. —Los trajes admiten ajustes. —¿Tienen aguijón? —De tela. —Quítalos. Habrá una batalla en el segundo acto. —Eso cuesta aparte. —Entonces no habrá batalla. —Acabas de mejorar la convivencia del siglo XV. —De acuerdo. Me llevo las veinticuatro. —Espera. Déjame contarlas otra vez, que llevo tres días diciendo veinticuatro y no las he tocado desde el verano pasado. —¿Y bien? —Veintitrés. Una tiene el ala rota. —Esa la hago yo de océano. —Ahí lo tienes. Ya tenemos final. —El final será el jueves. —El pago será hoy. —Te pagué el martes, Nekane. Y de la función ya ha salido la crítica. —¿Han entendido las abejas? —Dice: «Los alumnos de sexto representaron el Descubrimiento con vestuario alternativo. La asistencia fue buena». —Eso no dice nada. —Trae foto. —El director también ha aprobado la función. —¿Sin protestar? —Solo ha pedido cambiar la última frase. —¿Cuál era? —«¡Tierra a la vista!». —¿Y cuál dijo él? —«¡Flor a la vista!».