
Siete y veinte. Rocío, monitora del autobús escolar, cuenta cabezas otra vez y anota: veintiocho.
A Amir, el nuevo, le enseña dónde va la mochila. A Lucía, que llora, la lleva a primera fila y le dice que hoy toca canción de la abuela.
La abuela no existe: la inventaron entre las dos, en octubre.
Enrique, el conductor, arranca y pregunta por dónde. Rocío responde, sin girarse: «Por el mercado; le prometí a Lucía cajas de mangos.»