Idea · Del catálogo de Margen
Miras tu propio perfil cuando alguien nuevo te escribe

Confieso el hábito. Alguien nuevo me escribe por Instagram o LinkedIn, y en vez de contestar, entro yo primero en mi propio perfil. Miro las tres últimas fotos, releo la biografía, compruebo la foto de portada. Cinco o seis segundos. Después, sí, contesto.
Al principio pensé que era vanidad. Luego, que era ansiedad. Ahora sé que es otra cosa: quiero ver lo que ve el otro cuando llega. Los psicólogos Thomas Gilovich y Kenneth Savitsky lo llamaron «efecto foco» en 2000: sobrevaloramos la atención que los demás nos prestan, y por eso queremos comprobar el escenario donde vamos a aparecer antes de aparecer. Es un instinto de espejo, no un ego.
Lo he cazado en tres amigos distintos con la excusa de pedirles el móvil un segundo. Todos entran a su propio perfil antes de abrir el chat que les acaba de sonar. Ninguno se acuerda de haberlo hecho.
Desde que lo sé, hago la prueba al revés: contesto primero, y miro el perfil después. Cambia dos cosas. La respuesta tarda menos. Y suele ser más honesta, porque no la he calibrado contra la fachada que iba a ver.