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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Julián lleva tres años puliendo un cepillo del portal

—Buenos días, Julián. ¿Ese cepillo es suyo? —No, mujer. —¿No? Lleva tres años sacándole brillo cada mañana. —Ya. Un placer, además. —Bueno, es que yo iba a comprar uno para el rellano, y… —No hace falta, Marta. Ese es su cepillo también. —¿Mío? —Y de todos. —¿De la comunidad? —Sí. —¿Y por eso lo pule usted? —Lo pulo porque me da la gana. Antes de jubilarme era contable, como usted. Contaba números. Los números no brillan. —Ya. Bueno. Gracias, entonces. —A usted.

Marta subió a su piso, hizo un café y volvió a bajar quince minutos después con un paño de microfibra y limpiavidrios de la marca buena.

—Julián. —Dígame. —¿Empezamos por el pomo o por la mirilla? —Por la mirilla. El pomo lo dejamos para el final: es lo que tocan al salir.