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Poema · Del catálogo de Margen

Instrucciones para cerrar una casa de verano

Primero, sacudir la arena de las sábanas como quien despide a un animal pequeño.

Cubrir los muebles con fantasmas de algodón. Vaciar la nevera de su última luz.

Dejar las conchas en el alféizar: son la calderilla del mar, y aquí se queda lo que el mar ha pagado.

Cerrar las persianas despacio, lama a lama, hasta que la casa aprenda a dormir a oscuras.

Echar la llave dos veces. Una por la puerta. Otra por agosto.

Y no volverse: la persona que fuimos este verano se queda dentro, descalza, guardándonos el sitio.