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Idea · Del catálogo de Margen

Quien inventó la regla del hielo la retiró 37 años después

Pisas mal un bordillo, el tobillo se va hacia dentro y en diez minutos tienes una pelota morada donde antes había un hueso. Lo que hagas en las cuarenta y ocho horas siguientes decide si dentro de tres semanas estarás andando normal o si vas a pasar el invierno con el pie flojo. Y lo primero que te va a decir todo el mundo —hielo y reposo— lo retiró en 2015 el médico que lo puso de moda.

Se llama Gabe Mirkin, es médico deportivo estadounidense y en 1978 publicó con el periodista Marshall Hoffman The Sportsmedicine Book, un manual de medicina del deporte que vendió cientos de miles de ejemplares. Dentro iba un acrónimo de cuatro letras, RICE: rest, ice, compression, elevation, es decir reposo, hielo, compresión y elevación. Funcionó como funcionan las reglas buenas: se metió en los cursos de primeros auxilios, en los botiquines de los polideportivos y en la boca de todos los entrenadores del planeta durante cuatro décadas.

En 2015, Mirkin escribió en su propia web un artículo titulado «Por qué el hielo retrasa la recuperación» y se desdijo de las dos primeras letras. Su razonamiento se entiende sin haber estudiado medicina: la hinchazón es la que trae a la cuadrilla que repara. Cuando se rompen fibras, el cuerpo manda células inflamatorias; entre ellas unos glóbulos blancos llamados macrófagos, que retiran el destrozo y sueltan una hormona, el IGF-1, que da la orden de reconstruir. El frío cierra los vasos y retrasa la llegada de esa cuadrilla. El reposo absoluto, además, le quita al tejido la carga que necesita para cicatrizar orientado en la dirección en la que después va a trabajar.

En 2004, una revisión de ensayos clínicos publicada en el American Journal of Sports Medicine repasó veintidós ensayos sobre el hielo en lesiones de partes blandas y los encontró de calidad baja: lo único que asomaba, y de forma marginal, era combinar el frío con ejercicio, no el frío solo. En 2021, un equipo de la Universidad de Kobe midió en ratones lo que Mirkin había razonado en un folio: a las patas enfriadas después de la lesión les costó más regenerar músculo, porque los macrófagos tardaron más en entrar. Son ratones, no personas. Pero el acrónimo ya se había movido sin esperar a nadie: en 2012, el British Journal of Sports Medicine propuso cambiar el reposo por «carga óptima», y en 2019 dos fisioterapeutas canadienses, Blaise Dubois y Jean-François Esculier, publicaron en esa misma revista el esquema que hoy se enseña, PEACE & LOVE: proteger, elevar, evitar antiinflamatorios, comprimir y explicar los primeros días, y después cargar, optimismo, vascularización y ejercicio.

Lo que harás tú el día que te pase:

Las primeras cuarenta y ocho horas:

1. Protege, no inmovilices. Uno a tres días andando menos y con cuidado. Pasado ese plazo, cada día extra de muletas es un día de músculo perdido.

2. Pon el pie por encima del corazón, diez minutos, varias veces al día. Eso sí baja la hinchazón y no interfiere con la reparación.

3. Deja el ibuprofeno en el cajón esos dos primeros días si el dolor es soportable. Un antiinflamatorio hace exactamente lo que su nombre dice, y lo que frena es la obra. Para el dolor, paracetamol.

4. Comprime con venda elástica, en ocho alrededor del tobillo, firme pero sin dormirte los dedos.

5. El hielo, solo como analgésico: diez minutos, con un paño en medio y nunca sobre la piel desnuda, cuando el dolor no te deje dormir. Sirve para el dolor y no para la reparación.

A partir del tercer día:

6. Carga con el dolor como semáforo. Puedes apoyar hasta un 2 sobre 10 de molestia. A partir de 3, te has pasado.

7. Muévete por arriba y por los lados: andar, bici estática suave, cualquier cosa que suba el riego sin castigar la articulación.

8. Haz equilibrio. Tres series de treinta segundos a la pata coja, todos los días, y cuando te resulte fácil, con los ojos cerrados. Esto es lo que de verdad evita el siguiente esguince: entre un veinte y un cuarenta por ciento de la gente que se tuerce un tobillo acaba con molestias que vuelven, y el motivo más repetido es que nadie le mandó reentrenar el equilibrio.

Y cuándo esto ya no te toca a ti. Si no puedes dar cuatro pasos apoyando el pie, radiografía. Si duele el hueso al apretar el borde de atrás o la punta de cualquiera de los dos tobillos, el de fuera o el de dentro, radiografía. Si duele al apretar la base del quinto metatarsiano o el hueso que sobresale en el arco interno, radiografía. Son los criterios de Ottawa, los que usa un servicio de urgencias para decidir si hace falta una placa, y existen justamente para que las demás torceduras no acaben en el hospital.

La próxima vez que te lo tuerzas, haz esto: pie en alto, venda, y mañana sal a andar despacio con el dolor por debajo de dos. El hielo déjalo en el congelador, por si esa noche no puedes dormir.