Curiosidad · Del catálogo de Margen
Un nervio de la jirafa da un rodeo de 4,6 metros

En 2009, en una jirafa abierta en canal para el documental Inside Nature's Giants, el biólogo británico Richard Dawkins levantó con las dos manos, delante de la cámara, un nervio que baja por todo el cuello del animal, entra en el pecho, rodea por debajo la aorta —el gran vaso que sale del corazón— y vuelve a subir hasta la garganta. Unos 4,6 metros de cable para unir dos puntos separados por pocos centímetros.
Se llama nervio laríngeo recurrente, y tú tienes dos. El izquierdo hace el rodeo largo, por debajo del arco de la aorta. El derecho se conforma con dar la vuelta a la arteria que va al brazo derecho, más arriba, y por eso es bastante más corto. Los dos salen del nervio vago, la gran autopista nerviosa que conecta el cerebro con las vísceras, se descuelgan de él dentro del pecho y regresan hacia arriba, hasta la laringe. El adjetivo recurrente significa justo eso: que vuelve sobre sus pasos.
Un ingeniero al que le encargaran cablear una jirafa tardaría tres segundos en resolverlo. La orden sale del cerebro y la laringe está a un palmo del cerebro: cable corto y a otra cosa. Nadie diseñó esto. Se fue montando encima de lo que ya estaba enchufado y funcionando.
El origen está en un antepasado con forma de pez. En aquel animal no había cuello: el cerebro, el corazón y las branquias estaban casi pegados, y el nervio pasaba por detrás de uno de los vasos de las branquias en línea recta, sin rodeo ninguno. Aquello funcionaba, así que se heredó.
Después vinieron millones de años de cuellos que se alargaban. El corazón y sus grandes vasos se quedaron en el pecho; la cabeza se fue alejando. El nervio siguió enganchado por debajo del vaso y se estiró: cada centímetro de cuello nuevo le añadía dos, uno para bajar y otro para volver a subir. Desengancharlo habría exigido una generación de animales sin voz, y esa generación no llegó a nacer.
En tu cuerpo el rodeo es corto y aun así se nota en la consulta. El nervio sube pegado por detrás de la glándula tiroides, por el surco que queda entre la tráquea y el esófago. Por eso una operación de tiroides es una intervención delicada y por eso uno de sus riesgos conocidos es la ronquera permanente: si el bisturí toca ese nervio, la cuerda vocal de ese lado deja de moverse. Los cirujanos lo buscan y lo vigilan durante toda la operación, a veces con un aparato que avisa cuando el nervio está cerca.
En la jirafa, que mide cinco metros y medio, la factura sube a esos 4,6 metros. Y no porque tenga el cuello lleno de huesos de más: la jirafa tiene siete vértebras cervicales, las mismas que tú. Las tiene más largas, nada más. En el ser humano el rodeo del izquierdo mide unos quince centímetros. En la jirafa, treinta veces más.