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Curiosidad · Del catálogo de Margen

La Torre Eiffel crece en verano

La Torre Eiffel no siempre mide lo mismo. En los días más calurosos del verano puede llegar a ser unos quince centímetros más alta que en pleno invierno.

Está hecha de hierro forjado, y el metal se dilata con el calor: sus partículas vibran más y ocupan algo más de espacio. Cuando el sol de julio golpea sus vigas, toda la estructura se estira hacia el cielo unos centímetros. Al bajar la temperatura, vuelve a encogerse.

El mismo sol, además, calienta más un lado que otro, y la punta llega a inclinarse ligeramente en dirección contraria al lado soleado, como si buscara la sombra. Gustave Eiffel diseñó la torre contando con estos movimientos: un edificio rígido de verdad se habría agrietado. La flexibilidad es, a veces, lo que sostiene lo que parece más firme.

Fuente: Société d'Exploitation de la Tour Eiffel