
En 1720, la Compañía de los Mares del Sur convenció a media Inglaterra de que iba a hacerse de oro con el comercio americano. Sus acciones pasaron de unas 128 libras en enero a cerca de 1.000 en agosto, sin que el negocio real creciera en nada. En otoño, el castillo se vino abajo.
Entre los atrapados estaba Isaac Newton. Y con agravante: era el director de la Casa de la Moneda inglesa, el mayor experto del país en dinero. Newton invirtió pronto, vendió con beneficios… y al ver que las acciones seguían subiendo, volvió a entrar cerca del máximo. Perdió unas 20.000 libras, una fortuna equivalente a millones de euros actuales.
La física tenía leyes que él mismo había escrito; el mercado, no. El hombre que explicó la gravedad acabó comprobándola en su propia cartera: lo que sube sin motivo, baja.