Curiosidad · Del catálogo de Margen
Bach le puso música a la bronca del café de Leipzig

Hacia 1734, Johann Sebastian Bach convirtió una bronca doméstica por el café en música para el público de Leipzig. La obra, conocida como Cantata del café, dura alrededor de veinticinco minutos, según quien la interprete. Su escenario probable fue el café de Gottfried Zimmermann, donde el Collegium Musicum ofrecía conciertos mientras el local servía bebidas.
Bach compuso la música de «Schweigt stille, plaudert nicht», BWV 211. Christian Friedrich Henrici, que firmaba como Picander, escribió el texto publicado en 1732. Intervienen tres voces: un narrador, el padre Schlendrian y su hija Lieschen.
Schlendrian quiere que la joven abandone el café. Le quita el paseo, la falda de aro que se lleva ese año, las cintas de plata del sombrero y hasta el permiso para asomarse a la ventana. Lieschen aguanta las cuatro. Cuando él amenaza con dejar de buscarle marido, Lieschen promete ceder. La solución parece suficiente para el padre, que sale dispuesto a encontrar pretendiente.
El libreto impreso por Picander termina antes de los dos números finales conservados en la partitura. No se sabe quién escribió ese añadido; pudo ser Bach u otra persona. En esas páginas, Lieschen hace correr la condición que invalida la victoria paterna: solo aceptará a un hombre que le reconozca por escrito el derecho a tomar café cuando quiera.
La acción encajaba con una discusión reconocible para el público. En la Alemania de entonces se debatía el consumo de café y preocupaba especialmente que lo adoptaran las mujeres. La cantata mete la discusión en una cocina y deja que el padre vaya subiendo el precio.
A los cafés de Leipzig las mujeres no entraban a diario, pero sí se las admitía en los conciertos del Collegium Musicum. Es decir: Lieschen defendía su taza delante de mujeres a las que ese mismo local cerraba la puerta el resto de la semana, y que podían escuchar el fracaso de Schlendrian mientras pedían otra.
En el último número cantan los tres a la vez que madres, abuelas y muchachas beben café. Schlendrian incluido.