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Microrrelato · Del catálogo de Margen

La lavadora de las tres

La lavandería de mi calle no cierra nunca, y yo la cuido desde el piso de arriba: bajo si una máquina se atasca, cambio monedas, paso la fregona.

Fue la fregona lo que me lo hizo ver. A las tres en punto, la número seis se enciende sola. El tambor gira lleno de agua y de algo oscuro que da vueltas. Nunca hay nadie. A las cuatro menos cuarto centrifuga, y al amanecer la puerta está abierta, el tambor vacío, y queda solo el olor: un jabón antiguo, de los que ya no se venden.

Una noche la desenchufé. Se encendió igual.

Anoche pegué la frente al cristal. Entre la espuma pasaron una manga azul, un cuello redondo, tres botones de nácar. Era la rebeca de mi madre. La que elegimos para despedirla.

No abrí. Subí a por una silla y me senté delante, como quien vela. Hay ropa que nadie va a venir a recoger: viene solo a lavarse, para volver limpia a dondequiera que ahora se lleve.