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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Ventanilla siete en la sucursal de Cañete

—Buenos días. Vengo a preguntar por un cargo. —Adelante, siéntese. Soy Elena Ríos, la cajera. Dígame su nombre. —Carmen Losada, jubilada del hospital. Soy viuda de Ramón. La cuenta la abrió él hace diecinueve años. —Un momento, Carmen. Aquí lo tengo. Doce con veinte euros el uno de agosto, comisión por inactividad. —Nunca hemos pagado eso. —Se aplica cuando llevan noventa días sin movimiento. La cuenta consta parada desde el trece de mayo. —Pero él murió el catorce de marzo. Yo no toqué nada, no sabía cómo. —Aquí veo un ingreso de la Seguridad Social el treinta de marzo. La pensión de su marido de ese mes. —No me la reclamaron. —No podían: iba a nombre de él, y él fue titular hasta el treinta de abril. El sistema debía haber contado ese ingreso como movimiento válido. —Entonces... —Voy a anular el cargo ahora, en mi ventanilla. También los cuatro anteriores: abril, mayo, junio y julio. Le van a devolver sesenta y un euros con veinte céntimos. —¿Sin trámite? —Es un error nuestro, Carmen. Firme aquí. —Los envíos a nuestra hija en Málaga. Junio y julio. Están ahí, ¿verdad? —Están, Carmen. Doscientos euros los dos meses, y una transferencia menor en mayo por ciento veinte. —Él las mandaba los martes a las seis de la mañana. Cada semana igual. —Los martes constan aquí. Diecinueve años seguidos. —Elena. —Dígame. —Gracias por llamarme por mi nombre.