Curiosidad · Del catálogo de Margen
33.000 personas vivían en 2,6 hectáreas sin planos

2,6 hectáreas: el tamaño de tres campos y medio de fútbol. Dentro vivían unas 33.000 personas —recuento oficial del Gobierno de Hong Kong, 1987— repartidas en unos 350 edificios levantados sin planos, sin licencia y sin un solo arquitecto. Aquella manzana se llamaba la Ciudad Amurallada de Kowloon y daba 1,2 millones de habitantes por kilómetro cuadrado, la densidad más alta que se ha medido nunca en un sitio donde viviera gente.
Repartido en suelo, a cada vecino le tocaba menos de un metro cuadrado de planta. Por eso la ciudad solo pudo crecer hacia arriba, y creció pegándose a sí misma: los edificios se apoyaban unos en otros, sin calle que los separase, hasta formar un único bloque macizo con pasillos por dentro. Se entraba por unos pocos huecos a pie de calle y se seguía por corredores donde había que agachar la cabeza, con las tuberías goteando a la altura de la nuca y la luz eléctrica encendida a mediodía.
Cuando el Reino Unido arrendó en 1898 los Nuevos Territorios, la franja continental al norte de la península de Kowloon, el tratado dejó fuera aquel viejo fuerte chino, de modo que China conservaba la jurisdicción y Londres no la ejercía. En la práctica, durante décadas, ninguno de los dos gobiernos entró a inspeccionar nada. Allí no había licencias de obra ni colegios profesionales que pidieran un título. Los dentistas que no lograban homologar sus estudios en Hong Kong pusieron consulta en la primera planta de la fachada exterior, la que daba a la calle de verdad, y se anunciaban en carteles a pie de acera: eran más baratos, y trabajaban a la vista de todos.
Había una sola regla constructiva, y no la puso ningún concejal: los aviones. La pista de Kai Tak estaba a unos 800 metros y los reactores pasaban por encima en la aproximación final, tan bajos que se les veían los remaches. Nadie subió de trece o catorce plantas.
Los tejados eran el otro suelo. Como abajo no llegaba el sol, la gente subía a la última losa a tender, a hacer los deberes, a criar palomas y a fumar. Desde allí se veía aterrizar a los aviones y se oía el hormigón vibrar.
El final llegó por acuerdo. El 14 de enero de 1987, Londres y Pekín anunciaron juntos el derribo. El realojo duró hasta julio de 1992 y las máquinas acabaron en abril de 1994. Lo que hay hoy en ese solar es un jardín chino al estilo de la dinastía Qing, el Kowloon Walled City Park, abierto por el gobernador Chris Patten el 22 de diciembre de 1995, con estanques y un pabellón de ajedrez.
De los 350 edificios no queda ninguno. Al retirar los escombros aparecieron los cimientos de piedra de la Puerta Sur del fuerte original, enterrados desde que los japoneses se llevaron la muralla para alargar la pista del aeropuerto durante la ocupación. Están donde estaban, a cielo abierto y protegidos como monumento, y son lo único que queda en pie de la Ciudad Amurallada.